martes, 29 de julio de 2014

El famoso violinista ignorado en el metro (Washingon Post , 2007).


¿La gente sabe valorar el arte o la música?

El siguiente experimento psicosocial o sociopsicológico fue organizado por el diarioWashington Post y se hizo para observar qué relación hay entre en el contexto, la percepción y las prioridades, así como una forma de evaluar si el gusto del público es algo que pertenece a cada uno o sí está condicionado socialmente. Así pues, se preguntaron, ¿la gente sabe valorar la belleza?

El experimento


El día 12 de enero, a las 7:51 en plena hora punta, el prestigioso violinista Joshua Bell salió del metro en la estación Plaza L’Enfant (Washington DC., E.E.U.U.) y se colocó contra una pared al lado de una papelera. Nadie podía reconocerlo a simple vista, pues era un hombre joven blanco con pantalones vaqueros, una camiseta de manga larga y una gorra de béisbol de los Nationals de Washington. En menos de una hora pasaron delante de él más de 1000 personas, la mayoría de ellas con destino a su lugar de trabajo, pues la Plaza L´Enfant es sin duda uno de los centros neurálgicos del trabajo en Washington DC.


De un pequeño maletín, sacó un violín (que casualmente es uno de los más valiosos que se hayan hecho) y astutamente dejó unos pocos dólares y algunas monedas antes de disponerse a tocar. En los siguientes 43 minutos interpretó seis piezas clásicas, no piezas populares sino algunas de las piezas más elegantes que jamás se hayan escrito, obras maestras que han perdurado durante siglos por su brillantez, una música acorde con la grandeza de catedrales y auditorios nacionales. Interpretó las obras con un entusiasmo acrobático, con el cuerpo inclinado hacia la música y el arqueo de puntillas en las notas altas. El sonido era casi sinfónico, llegando a todas partes pues, según el Washington Post, la acústica fue sorprendentemente amable. A pesar de que la galería es de diseño utilitario, el espacio comprendido entre la escalera mecánica del metro y la salida de algún modo resultó ser un espacio acústicamente aceptable.

El músico comenzó su particular concierto con la “Chacona” de Bach, una de las piezas de violín más difíciles de dominar. Muchos lo intentan, pero pocos lo logran, pues es agotadoramente larga -14 minutos- y consiste en su totalidad de una progresión musical que se va repetiendo en docenas de variaciones para crear una arquitectura compleja del sonido. Tres minutos pasaron antes de que alguien mostrase algún interés. Más de sesenta personas ya habían pasado delante de él cuando un hombre de mediana edad alteró su paso por una fracción de segundo, volviendo la cabeza para apreciar que había un artista tocando música. Sí, el hombre siguió caminando, pero por lo menos era algo. Medio minuto más tarde, Bell recibió su primera donación. Una mujer arrojó un dólar y se marchó. No fue hasta al cabo de un rato que alguien realmente se parase a escuchar lo que tocaba con tranquilidad.


En los tres cuartos de hora que Joshua Bell tocó, tan sólo siete personas dejaron lo que estaban haciendo para escucharle y disfrutar de la actuación, al menos por un minuto salvo una de ellas que le reconoció y se acercó a decirle que le encantaba cómo tocaba y que le había visto en un gran concierto. Veintisiete dieron dinero, la mayoría de ellos sin detenerse, para alcanzar un total de 32$ y cambio. El resto de transeúntes pasaron de largo sin molestarse si quiera a mirar. Nunca hubo una multitud de espectadores, como el propio Bell esperaba. “En una sala de música, me enfadaría si alguien tose o si se oye el sonido de un teléfono móvil. Pero aquí, mis expectativas disminuyeron rápidamente. Empecé a apreciar que no existía ningún tipo de reconocimiento, ni siquiera una leve mirada hacia arriba. Estaba extrañamente agradecido cuando alguien lanzó en un dólar en vez del cambio”. Esto lo dice un hombre que puede cobrar unos 1.000$ por minuto.

Lo más curioso es que tan sólo 3 días antes, Joshua Bell en un concierto llenó el Hall de Boston Symphony, donde los asientos cuestan de 100$ en adelante.


Un análisis sociológico


Este experimento no es puramente científico, pues no se realizó siguiendo una metodología científica ni se realizó en repetidas ocasiones que pudieran demostrar que los resultados eran similares en contextos y situaciones diferentes. Sin embargo, es un caso muy curioso que ayuda a comprender cómo una construcción social tan poderosa como es el estatus influye en la percepción del arte o la música. Pero, ¿qué es el estatus? Se trata de la posición que ocupa un sujeto en la sociedad.


El estatus se ha considerado como la creencia de superioridad/inferioridad que manifiestan los individuos en función del lugar que ocupan en la sociedad. Es la valoración social que se otorga a los diferentes individuos, lo que hace que unos se crean superiores a otros, ya sea en capacidades, en bienes, en actitudes o en comportamientos. (ROSADO MILLÁN, Mª J; GARCÍA GARCÍA, F.; y otros, 2008).

El arte y la música, así como la belleza, son construcciones sociales en sí mismas y dependen del contexto en el que se mueven. Basta que un millonario adquiera una obra de un artista desconocido para que éste se haga famoso de la noche a la mañana y sus obras adquieran precios astronómicos. No es la música que el músico Joshua Bell interpreta en el metro lo que le llega a la gente, sino la imagen que proyecta en ese contexto determinado, y es esto lo que determina la valoración de los que tuvieron la oportunidad de escucharle.


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